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Los Sicarios de la Fe

Actualizado: 19 ene 2024




“Un mal he visto debajo del sol en nuestro tiempo. Una enfermedad que no tiene cura se ha propagado por el mundo. Sus víctimas son presas del engaño. De la bajas pasiones de hombres inescrupulosos que se asemejan a bestias despiadadas en medio de una selva oscura, en busca de un incauto para comer sus carnes y para lamer su sangre. Se vistieron de piedad, se cubrieron de vestidos de inocencia. Sus palabras son tan suaves que embelesan. Su astucia está afiliada como espada lista para quitar la vida. Son hábiles artífices del engaño. Magos callejeros que hacen trucos para atraer al público que se reúnen preguntando, “Como lo hizo? Como lo hizo?” Atónitos están sus seguidores, drogados por una mala droga. Creen ver lo que les dicen por los alucinógenos que les suministran, por la misma vía intravenosa por donde les suministraron la anestesia moral. Quedaron ciegos de conciencia, paralíticos de corazón, muertos de espíritu, atados del alma. Pero saltan y brincan, ciegos de euforia. Piden mas, les dan mas. Se disfrazan cual payasos. La función no se termina. Están vestidos de riqueza. Su atractivo indiscutible es la grandeza. Su carencia incalculable es Dios. Su mensaje es una nebula que atrapa. Sus rostros no dicen nada de sí mismos. Son espejos de lo que todos desean ver. Son un abismo espinoso, pero venden sus palabras como prendas valiosas. Con artificio dividen el trabajo de los hombres de bien y lo consumen para añadir perdición a perdición. Son sicarios insensibles. Traficantes de ideas huecas, capos deshonestos, vestidos de piedad que seducen la iglesia de Cristo y la amarran con promesas de la misma gloria que Jesús rechazó en el libro de Mateo 4:8-11. Predican a multitudes, tuercen la verdad impunemente. Pero como en el libro de Judas 11,


‘Ay de ellos! Ay de ellos porque han seguido el camino de Caín y se lanzaron por lucro en el error de Balaam y perecieron en la contradicción de Coré. Se apacientan de sí mismos, nubes sin agua, llevados de aquí para allá por los vientos. Árboles otoñales sin frutos, dos veces muertos y desarraigados. Fieras ondas del mar, que espuman su propia vergüenza. Estrellas errantes para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas.'


Contra ellos vendrá El Señor para hacer juicio y para dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente.

Ay de ellos. Murmuradores, querellosos, que andan según sus propios deseos, cuya boca habla cosas infladas adulando a las personas para sacar algún provecho.


Huye!

Huye de ellos!

No recorras sus senda!

Apártate de allí!

Pues su mal es certero y su desgracia abundará. Eternamente estãran perdidos! Corre de ese mal y busca hoy el mensaje verdadero.”

 
 
 

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